César Nava es un político cuya trayectoria tarde o temprano tocaría la antesala de la Presidencia del CEN del PAN, y por derecho propio, pues sus antecedentes y su capacidad bien pueden considerarse a la altura de otros que han ocupado o han contendido por ese cargo.
En este momento bien pudiera ser ese el caso, que su candidatura obedezca a su legítimo interés y que los miembros del Consejo Nacional estén considerando sus méritos propios para ponerlo al frente del Partido.
Y haciendo a un lado las sospechas de Espino, también pudiera ser el caso que el Presidente Calderón esté al margen del proceso de sustitución de Germán Martínez así como de la renuncia de este.
No habían pasado veinticuatro horas del cierre de las votaciones cuando el Presidente Calderón hizo un llamado al diálogo y a la necesidad de llegar a acuerdos.
Es un hecho que también se gobierna a través de símbolos y de “gestos” políticos, así, el mensaje del Presidente Calderón puede ser considerando un gesto de apertura, de inclusión y hasta de reflexión, mediante el cual podemos pensar que el resultado electoral lo ha sensibilizado sobre el rumbo de su gobierno y que busca una actitud similar en los otros partidos o políticos que ocupan espacios de decisión y con esa finalidad tiene este “gesto” de apertura y búsqueda de acuerdos.
La candidatura de César Nava, ex-secretario particular del Presidente, e integrante de ese círculo exclusivo del Presidente formado por el propio Nava, Juan Camilo (q. e. p. d.) y Germán Martínez, es indudablemente un “gesto”, y como tal, tiene sus interpretaciones.
Es muy improbable que se interprete como un gesto de independencia de César Nava, aún cuando renunció a la Secretaría Particular para seguir su propio camino, según se dio a conocer, para guiar la estrategia ganadora de la elección del 2009, en la que al menos él resultó ganador en su distrito.
Su elección como Presidente del CEN, y más si se confirma que es por la vía de la candidatura única, dará veracidad a las versiones de quienes afirman, como Héctor Larios coordinador de los diputados del PAN, o como Espino (de quien era predecible esa postura) que se trata de un proceso con los dados cargados, o de una imposición, de una elección donde ha primado la obediencia al Presidente por parte de los Consejeros Nacionales, de quienes se dice, una gran cantidad trabajan en el Gobierno de Calderón.
El Presidente Calderón, el mejor aspirante que hubiera podido presentar el PAN para Presidente de la República -según mi opinión- será entonces visto como el que en su mandato dio lugar a dos sucesiones en la Presidencia del CEN, mediante candidatos únicos, ambos pertenecientes al que se reconoce como su círculo más inmediato; algo que ni en tiempos de FOX, aún con su pragmatismo.
Y aún cuando se presentara otro candidato a la contienda, la elección de Nava será vista como un “gesto” del Presidente, hacia los propios panistas, pero un “gesto” muy distinto del que tuvo el día siguiente de la elección. Los panistas podremos concluir que el mensaje de apretura, de diálogo y del deseo de llegar a acuerdos tenía otros destinatarios, que no los propios panistas, sean estos diputados, senadores, gobernadores, regidores, o sólo miembros activos.
Fallecido Juan Camilo y Germán Martínez vulnerable por la derrota, se entenderá que al Presidente sólo le quedaba un hombre de confianza, y lo ha enviado a mantener el control sobre el PAN. Y este “gesto” puede ser muy perjudicial para Calderón, quien podría quedar acorralado dentro del cerco que el mismo ha creado y estrechado cada vez más.
Calderón perderá credibilidad entre los propios panistas, pues este “gesto” hará sentir que el Presidente no estima las capacidades y talentos de otros panistas, o no es sincero al afirmar que lo hace, puesto que el “mensaje” resulta claro.
Para el PAN y para México el perjuicio está aún más claro; en la medida que Calderón se ha mantenido confortable dentro de su círculo próximo, el único fortalecido a ha sido el PRI.
No hay por que pensar que Nava no puede hacer una gestión exitosa, lo único que cuesta trabajo creer es que venga a una tarea distinta a la desahogar la agenda del Presidente Calderón (pactada sólo con su círculo íntimo), y lo que resulta casi obvio es que Calderón está dispuesto a prescindir del panismo que no le es incondicional -no sólo del que lo cuestiona- y que está más dispuesto a irse solo a librar sus batallas contra los políticos de otros partidos, antes que llegar a acuerdo con los del suyo propio.
¿Por qué Nava sí? ¿Por qué Corral no? ¿Por qué Larios no? ¿Por qué Priego no? ¿Por qué Elorduy no? ¿Por qué González Alcocer no? ¿Por qué García Cervantes no?
Si César Nava está a la altura del momento ¿A caso es el único?, políticos de altura los tiene el PAN en todo México, en todos los Estados, y con capacidad de conducir elecciones exitosas también; y por cierto, Michoacán y el Distrito Federal siguen siendo bastiones perredistas.

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