En
pleno proceso interno para elegir candidato, espero más bien que sea
precandidata a la Presidencia de la República, no puede aguantarme
las ganas de escribir estas líneas. Me decía un amigo muy apreciado
que el error del PAN en este momento es comportarse como partido en
el poder, lo primero que me cuestionaba es ¿Cuál poder? Si no
tienen mayoría en la cámara de diputados, ni en la de senadores, el
PRI gobierna el doble de estados, han perdido municipios que fueron
bastiones de los noventas (Juárez, Guadalajara, Tijuana, Ensenada,
Mexicali y otros tantos), ya no tienen al PANAL y por tanto tampoco
al SNTE, nunca tuvieron a Televisa, en Baja California son minoría
en el congreso y no gobiernan ninguno de los cinco municipios, y se
creen partido en el Poder, sólo porque tienen un Presidente y un
Gobernador con un mandato recortado, además van abajo en todas las
encuestas cualquiera que sea el Precandidato.
Su
reclamo básicamente consistía en que eso del método de
“designación” de candidatos, cómo se llama ahora a la
imposición fuera de estatutos (como ya lo estableció el IFE) o las
candidaturas “pactadas” debajo de la mesa, mesa que regularmente
preside algún emisario de algún o algunos órdenes de gobierno,
digo que reclamaba eso de la “designación” o su variante que
consiste en “limpiarle” el camino a algún favorito de algún
funcionario era una muestra de torpeza, propia de quienes “se
sienten” en el poder, y que por tanto sus acciones pueden ser
irracionales, necias o caprichosas, lo cual no importa puesto que
sienten que tienen el poder de materializarlas, y entonces reducen
todo a un juego de conveniencias y repartición de privilegios.
Finalmente su recomendación es que el PAN, para ganar, necesita
parecerse más al PAN sin poder, aquel que desbordaba pasión por la
democracia, y que buscaba candidatos con “hechura” y que se cuide
de proyectar esa imagen de partido de “acuerdos” y “amarres”
entre los que “pueden” porque piensan que “pueden”, y su
reclamo remataba responsabilizándonos del indeseable regreso del PRI
a los Pinos. En su opinión lo que mejor nos puede representar, son
candidatos muy muy panistas, o bien candidatos ciudadanos, como los
que en el pasado nos dieron victorias insospechadas.
En
lo personal, confieso que hace tiempo me repugnan ciertas formas, o
más bien cierta estética política de algunos políticos que se
refieren entre sí como “líder” “hermano” o la más
corriente de “batote”; y luego hablan con un pedante aire de
sofisticación de la capacidad de llegar a “acuerdos” o
“negociaciones” , y que ante su notoria falta de talento
político, o por lo menos de un discurso movilizador, han entronizado
prácticas ajenas a Acción Nacional y con sus ridículos y
petulantes aires de hombres de poder, no pueden ocultar el hecho de
que para lo único que han servido, junto con sus formas, apelativos
y sofisticaciones, es para reinventar al PRI, dentro del PAN.
La
explicación que me resulta más sencilla, es que honrar una
ideología o una doctrina requiere de verdadero talento y valor, así
como una gran capacidad de innovación, pero si se trata de preservar
los privilegios del poder, pues basta precisamente con imitar al PRI,
al viejo y al nuevo PRI, y cuando falta el talento, la imitación
aparece, hasta en las formas.
En
cuanto a la forma de hacer campaña, estos politicazos seguramente
nos van a dar cátedra de priísmo, con las modernas versiones de los
acarreos de funcionarios, antes los del sindicato y ahora los de
confianza y supernumerarios, o la “imaginativa” y “creativa”
“solicitud” de firma de apoyo, en algún cartoncillo que se ha
reproducido por cuatro o cinco elecciones, o alguna variante
irrelevante, tarea que se encomendará a algún aspirante a “líder”
o a alguno de los tantos que dicen tener cinco, diez o quince votos
detrás de ellos. Aquí es donde pretendo dejar una reflexión,
deberas siguen creyendo que los panistas, activos y adherentes, van a
definir su voto para elegir candidato a la Presidencia por
intermediación de los desgastados y desprestigiados “líderes”,
no piensan por un momento que cada miembro activo y adherente se ha
formado un juicio propio e independiente de los precandidatos y
precandidata, y que la definición de su voto estará ajena a las
repugnantes “operadas” de voto.
En
mi pasada experiencia como candidato a Presidir el Comité Municipal
entendí tres cosas, nadie vale los votos que presume “tener”,
generalmente se trata de una fanfarronada para negociar algo no muy
decente; si buscas de forma directa a un militante puedes obtener su
voto, sin importar que alguien más presuma ser el amo y señor de su
sufragio; y finalmente que los panistas están hartos de la
simulación, los “amarres” las “negociaciones” similares y
conexos; sin embargo creo que ese encumbramiento de las formas
priístas llevará a más de un equipo de campaña a la “ingeniosa”
estrategia de repartir y reconocer feudos o parcelas electorales,
como si los panistas tuvieran quien les dicte por quien votar, y se
privarán de la mejor experiencia de proselitismo, la de abordar al
panista desconocido, con el que nunca habíamos cruzado palabra, y
después de cinco minutos, confirmar que aún tenemos intacta la
convicción y queremos cambiar de forma sencilla, regresando a lo que
fuimos, un partido de principios, un partido de ideas, un partido de
valores y no un partido de “poder”, un partido de ciudadanos
comprometidos y no una colección de petulantes y ridículas formas
que con diversos eufemismos enmascaran su única “visión”
política, la de conservar los privilegios. Cómo me recordó una
entrañable amigo y asesor, “los pueblos que cambian sus principios
por privilegios, terminan por perder unos y otros”.
