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La pitahaya era el alimento más codiciado por las etnias de la Baja California, su ambiente es desértico y cálido, su flor es frágil ante la lluvia: si llueve en exceso la flor se desprende. Es digamos, un fruto estoico y frugal, o sea que tiene carácter pero no como la cerveza tecate. En la casa de mis Padres crecía trepando sobre la barda, y se desparramaba una parte para con la vecina y otra con nosotros, no me acuerdo donde estaba plantada, pero sí me acuerdo podía pizcarlas en temporada.

domingo, 6 de febrero de 2011

ACARREOCRACIA

Hace unos meses reflexionaba un amigo mío que el dilema de la política en México no está tanto entre ¿Quién es de izquierda? o ¿Quién de derecha? Sino entre dos bandos irreconciliables entre sí: los demócratas y los antidemócratas. Estos dos bandos se encuentran satisfactoriamente representados en todos los Partidos Políticos.
Una mirada retrospectiva del 2009 resulta muy ilustrativa: el PRI postuló precandidatos a diputados de unidad en los 300 distritos electorales, fiel a sus orígenes, conserva el título de campeón de la unidad partidista y de la farsa democrática; el PRD celebró elecciones internas sólo en el D. F. y su zona metropolitana, ahí donde las tribus están en constante pugna realizó procesos democráticos, pero en el resto de de los distritos los militantes no tuvieron voz ni voto.
Y el PAN caracterizado por su vigorosa vida democrática interna, fue presa de una violación estatutaria sin precedentes, el Presidente del C. E.N. fundándose en una facultad que le permite nombrar candidatos en casos excepcionales, el sólo tomó el acuerdo de designar candidatos en 200 distritos, acuerdo que luego sometió a la ratificación del C. E. N. y este validó la jugarreta, no obstante que se trataba de una facultad para designar candidatos cuando el electo fallece, es aprehendido, enferma o le sobreviene alguna causa de elegibilidad unos días antes del registro ante el órgano electoral,.
El PAN, de un trienio a otro bajó sus bonos democráticos en un 66%, sólo en uno de cada tres distritos los panistas tuvimos voz y voto para elegir candidatos a diputados, en su discurso a la Asamblea Nacional de abril de 2008, Germán Martínez atinadamente señalaba que el PAN no debe ser rehén de burocracias locales, pero la solución final de su gestión fue secuestrarlo desde la burocracia nacional.
Y precisamente de las burocracias locales que secuestran la vida democrática del PAN es de lo que me propongo escribir, de esa realidad que en su momento nuestro Ex-Dirigente Nacional reconoció y se propuso combatir.
La aportación de Acción Nacional para la transformación democrática de México es indiscutible y en Baja California adquiere matices heroicos. Antes del reconocimiento del triunfo de Ernesto Ruffo los Panistas acudieron a cuanta cita electoral se les presentó; acusados de ilusos y de radicales, incluso exhibidos como carentes de toda civilidad política, cuando la indignación los llevaba a manifestarse públicamente contra la farsa electoral, jamás claudicaron, aunque el PRI elección tras elección justificara el “fraude patriótico” negando la capacidad del PAN para gobernar y tácitamente la de los ciudadanos para elegir. Eso de tener valor para resistir la crítica ventajosa o la calumnia era lo de menos, si tomamos en cuenta que al principio tuvieron que resistir la violencia ejercida por los cuerpos de seguridad pública: la persecución, la tortura, la prisión y la muerte fueron el precio que pagaron los panistas que conquistaron para las futuras generaciones el derecho de hacer política y de expresarse libremente.
En Baja California, hacer política respetando la ley, procurando el voto sólo por medios lícitos y éticos y señalando los excesos del poder, le dio al PAN votos a manos llenas pero también, fracaso tras fracaso en el propósito de acceder al poder. El fraude, el cochupo, la mascarada electoral están diseñadas para asegurar la permanencia en el poder, para burlar la voluntad democrática y el esfuerzo honesto, por eso aunque superiores en la propuesta y el mensaje, los candidatos del PAN resultaban derrotados a la mala, elección tras elección. Sólo la fe y la convicción hicieron posible la persistencia. La fe, la convicción ideológica y un alto sentido del deber alimentaron una consagración que duró décadas; el oportunista y el escéptico pueden tachar de iluso o radical al idealista pero el idealista entiende que sólo vale la pena el triunfo que conlleva a la transformación, a la elevación de la vida pública; en tanto el escéptico es incapaz de tener una convicción y el oportunista no conoce la generosidad ni el sacrificio.
En 1989 la gota horadó la roca, tantas veces fue el PAN a las elecciones, tantas veces predicó con el ejemplo, tantas veces sembró sin afanarse en la cosecha, que hubo un momento en la historia donde el PRI no pudo más, la farsa, el cochupo y la trampa fueron sobrepasadas por una ciudadanía dispuesta a darse una vida pública digna, pero esta aspiración ciudadana la sembró, la regó y la cultivó el PAN elección tras elección sin desanimarse por los resultados.
Desde el acceso al poder la militancia del PAN se siguió alimentando de esa veta de ciudadanos responsables que han dado lustre a los gobiernos panistas, pero la historia enseña que el poder corrompe, y así, después de dos décadas de gobernar, es justo reconocer aunque sea usando un eufemismo que el panismo está “maleado”.
Un padrón electoral cercano a los dos mil electores en Tijuana, y un acceso a puestos públicos cercano a las mil plazas, bueno pues es toda una tentación la de usar la superioridad jerárquica para inclinar la balanza en una elección interna, y tratándose de preservar el poder, la tentación no es minúscula.
Y que decir del voto individual, que puede garantizar el acceso a uno de esos empleos públicos; entre el incentivo de un buen candidato y un candidato que le garantice un empleo generosamente remunerado, pues la decisión es toda una tentación ¿O no?
Y la tentación de ingresar al padrón interno algunos familiares, amigos o conocidos para incrementar el peso específico o la influencia en un proceso interno, quien quite y con eso se consiga un mejor puesto o cargo público.
Y después que tal la tentación de ponernos de acuerdo entre varios militantes para coaligar el voto y negociar algo todavía mejor ¿No sería fácil tentar nuestra naturaleza humana?
Esta proclividad a asegurar los privilegios personales, poco a poco hace que los incentivos determinantes para votar tengan que ver con lo que “saco”, y no con la propuesta, la trayectoria del candidato o el bien común.
El lenguaje es un buen indicador de que tan “maleada” está la vida interna. Por ejemplo, unos panistas se refieren entre sí como “líder” ¡Como estás líder!, y en la escala de manipulación del voto podríamos estar ante la presencia de un militante que puede asegurar el voto de media docena de delegados, o que tal esta de “operador”, aquí estamos frente a un militante capaz de coaligar a cinco o seis líderes, digamos una treintena de delegados, pero el más desagradable de todos los vocablos es del de “batote” o sea que si a este personaje le pides el favor o gozas de su simpatía, casi casi tienes la candidatura en la bolsa.
Hasta este punto de lo que menos he hablado es del uso de la superioridad jerárquica para coaccionar el voto, una queja desagradable porque al final de cuentas cada uno es libre de votar en secreto, pero la oferta de cargos públicos como recompensa por un resultado interno o el despido para el que no se alinea es la habilidad política moderna.
Por eso denomino este artículo acarreocracia, el poder de los acarreadores, cuya fuerza numérica les permite exigir cargos públicos aunque carezcan de formación o experiencia, porque tienen la capacidad de hacer ganar o perder una elección interna, incluso consiguen un puesto relevante aunque se vean envueltos en un escándalo de corrupción, total ¿Que importa un pecadillo frente a la virtud de asegurar una candidatura? Y no falta el funcionario convencido de que la Ley Orgánica de la Administración Pública le exige para el buen desempeño de su encargo, dar cuenta al superior de los sacros procesos internos, para este, la más excelsa y valorada de las virtudes políticas consiste en ceder puestos, plazas y candidaturas a los acarreadores, para mantener la mayoría. No es de extrañar entonces el deterioro de la vida democrática interna y la lamentable calidad de algunos funcionarios públicos.
Un partido apenas cercano a los dos mil militantes activos después de 20 años de gobernar, miles de adherentes buscando una puerta por donde entrar, algunos con 10 años o más de espera, formatos perdidos, cursos invalidados, exámenes que nunca se les asigna fecha y hora, son la prueba de que el voto interno vale, y vale mucho, y ¡Vale más que no crezca mucho porque se nos sale de control!
El crecimiento de la militancia es urgente, pero un crecimiento de unos cuantos cientos sólo va a fortalecer a los vivales, a los “líderes”, a los “operadores, a los “batotes”. El crecimiento tiene que partir del reconocimiento de que la política es inherente a la persona humana, una obligación universal y no privilegio de unos cuantos, y con absoluta confianza dar paso a la afiliación de miles de miembros activos. El pretexto para mantener el padrón cerrado tiene que ver con la fidelidad ideológica, con el temor de que se infiltre gente con “otras intenciones”, pero la experiencia nos ha enseñado que es más auténtico y por tanto hay que creerle más al ciudadano que como único incentivo espera un buen gobierno, que a un político en campaña.
No podemos pensar en el futuro intentando regresar a nuestra época de oposición, pero el futuro será sombrío sí es sólo una proyección del presente, si la acarreocracia se vuelve nuestro futuro. Para acabar con ella tenemos que abrir sin reservas el padrón y confiar en la autenticidad de los ciudadanos que buscan un mejor gobierno y manifiestan su convicción ideológica panista, sólo así el peso específico de los “batotes” y el embate de la nómina dejarán de ser determinantes y tanto la trayectoria como la personalidad de los candidatos, así como la propuesta y el discurso de campaña, volverán a ser nuestras fortalezas.

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