BIENVENIDOS AL BLOG DE LA PITAHAYA

La pitahaya era el alimento más codiciado por las etnias de la Baja California, su ambiente es desértico y cálido, su flor es frágil ante la lluvia: si llueve en exceso la flor se desprende. Es digamos, un fruto estoico y frugal, o sea que tiene carácter pero no como la cerveza tecate. En la casa de mis Padres crecía trepando sobre la barda, y se desparramaba una parte para con la vecina y otra con nosotros, no me acuerdo donde estaba plantada, pero sí me acuerdo podía pizcarlas en temporada.

jueves, 18 de marzo de 2010

CONVIVENCIAS JUVENILES CRISTIANAS

Serán ya 33 años desde la fundación del movimiento, es habitual que consideremos como fecha fundacional lo que en realidad es un punto culminante de una etapa fundacional, porque antes de la convivencia número uno, hubo una etapa de preparación, un primer equipo que pasó de las ideas a los hechos, de las buenas intenciones a las buenas acciones.

Con el liderazgo del Padre Ángel, ese primer equipo, motivado por la fe, y cohesionado por la amistad y los valores comunes, además de tener en común que eran jóvenes, inició.

¿Hasta donde pensó cada uno que llegaría ese inicio? habría que preguntárselos, pero ¿hasta donde ha llegado? de esto somos testigos los conviventes, de la uno a la ciento uno.

Cada uno podrá describir los alcances del movimiento desde su propia experiencia, por eso estas lineas describen mi experiencia, mi testimonio y mi punto de vista.

Todos en mayor o menor medida podemos señalar algunos momentos de nuestra vida que significaron un verdadero cambio de rumbo o encauzamiento; para mí, Convivencias apareció en medio de mi juventud, viví la 51 en diciembre del 90, pero fue en el verano del 93 que serví en la 56, cuando mi vida llegó al momento de dejar atrás muchas de las cosas de mi niñez y de mi adolescencia.

Hice nuevos amigos, amigos que conservo hasta la fecha, amigos que me acompañan en los momentos más significativos de mi vida, y que me permiten acompañarlos en las ocasiones en que necesitan compartir su dicha o sus problemas.

Me reencontré con viejos amigos, como dicen: los amigos como el vino, entre más viejos mejor. Amigos de mis hermanos, que se volvieron amigos míos desde entonces. Formé parte del equipo interno durante algunas convivencias, y en el servicio tuve la oportunidad de descubrir a Dios y sorprenderme de su bondad, pues me regalaba al experiencia de ver trabajar a los demás y aprender de ellos, y me daba la oportunidad de servir y desarrollar un sentido de identidad, de pertenencia y de seguridad interior.

Para quienes nos conocieron en aquellos años, 93 al 97, supongo que considerándonos individualmente resultábamos poco confiables, por el aspecto y la forma de conducirnos, seguramente como el promedio de los jóvenes de nuestra generación parecíamos y éramos inmaduros, y muy aficionados al relajo, a las fiestas, a la cerveza, y a salir a acampar a las horas más descabelladas o a llenar la mesa de algún bar con música en vivo, sin motivo justificado. Pero ya vistos en grupo no tengo ninguna duda de que nos veíamos peor, ¡uno como quiera!, pero media docena o una veintena, era para preocuparse.

Afortunadamente la mirada del Padre Ángel estaba curada de espantos, y a la hora de integrar el equipo y nombrar coordinadores ponía las bases para trabajar con ímpetu, pero con disciplina; no encontraría mejor ejemplo que nuestra forma de ser, para describir la fe que el Padre tiene en que el Espíritu Santo obra a través de las personas, o de que por mucho que valoremos nuestras virtudes, no pasamos de ser un instrumento de Dios.

Así llegábamos una tarde de julio o de diciembre a Nazareth o a San Lorenzo, a instalarnos; yo recuerdo con mucha nostalgia la atmósfera que se creaba desde que llegábamos, un verdadero remanso de paz, un alto en el camino, una dimensión de la existencia que cobraba vida cada seis meses, y nos remontaba a nuestro primer encuentro con Dios, para mezclarse con la emoción de descubrir al grupo que iba a vivir el retiro.

He tenido la oportunidad de regresar a servir, y de integrarme con los conviventes de la última hora, como la parábola de los trabajadores de la viña; he perdido la pista de otros que aprecio mucho, me he reencontrado con los viejos amigos, para descubrir que los sentimientos permanecen tan intactos como si nos hubiéramos visto el día anterior.

Mi vida tiene sentido por muchas razones, pero una y muy importante es por Convivencias Juveniles Cristianas, aquí descubrí a Wendy, hice y sigo haciendo amigos, tengo un lugar entre los demás, me reconocen y los reconozco, de cuando en cuando me invitan a servir, y después de todos estos años, aún sigo recibiendo. No sería honesto decir que he dado algo, porque lo que he recogido supera cualquier ofrenda de mi parte.

Del 77 al 90 pasaron 13 años y 50 retiros, antes de que viviera mi convivencia, hoy, 50 convivencias después de que viví la mía, me pregunto si nuestros amigos del equipo de la 1 pensaron en todo esto, si se imaginaron que aquel inicio, podría tener tantos y tan diferentes significados para tantos jóvenes y tantas personas. Ese año crearon un punto en la vida, donde empezaron a cruzarse las trayectorias de muchos jóvenes, donde el destino nos encontró desprevenidos mientras escuchábamos el "Cristo Roto" o "Dios la Familia y Tú" o mientras nos retorcíamos de la risa con el "Chorizo con Huevo" o con "Don Baldomero". Mi vida espiritual ha pasado por toda clase de altibajos, Dios me ha despertado usando ambas manos, según lo profundo de mi distracción, pero siempre ha tenido para mí un rincón donde la paz y la amistad me esperan incondicionalmente.

Hay mucho por hacer, 33 años me parecen simbólicos, son los que el Señor vivió entre nosotros, y creo que la madurez que traen los años, pero sobre todo la madurez que es gracia de Dios, tiene que conjugarse con el ímpetu juvenil para hacer más grande nuestro movimiento, no quiero decir más extenso, sino más grande en el servicio, más intenso y significativo, hay muchas ovejas dispersas, amigos conviventes que necesitan que les recordemos que aquí seguimos y que tienen el mismo lugar que la última vez que acudieron a un retiro o a la escuela de convivencias, esa última vez no planeada, ese día en que se retiraron y por alguna sinrazón ya no regresaron. Probablemente pensaron en regresar, pero la indecisión y la incomunicación hicieron que se enfriara la relación con el movimiento, y después, la distancia y los problemas de la vida cotidiana han hecho que ese regreso se posponga indefinidamente.

Creo que tenemos que ofrecer algo para todos aquellos que quisieran regresar y que queremos que regresen, sin dejar de hacer nuestros retiros semestrales.

Y como aquel inicio, que ha continuado 33 años y 101 convivencias después. Tenemos que iniciar de nuevo, y pasar de las buenas intenciones a las acciones.





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