BIENVENIDOS AL BLOG DE LA PITAHAYA

La pitahaya era el alimento más codiciado por las etnias de la Baja California, su ambiente es desértico y cálido, su flor es frágil ante la lluvia: si llueve en exceso la flor se desprende. Es digamos, un fruto estoico y frugal, o sea que tiene carácter pero no como la cerveza tecate. En la casa de mis Padres crecía trepando sobre la barda, y se desparramaba una parte para con la vecina y otra con nosotros, no me acuerdo donde estaba plantada, pero sí me acuerdo podía pizcarlas en temporada.

jueves, 24 de abril de 2008

La Conquista de la Nada.

Me interesa el futuro porque es el sitio

donde voy a ir a pasar el resto de mi vida”

Woody Allen.

Mi generación, la “X”, ha sido marcada por un paso frenético, con ese triste sentimiento que lo popular de hoy será noticia mañana y la envoltura al siguiente día, sentir culpable de recibir cosas nuevas y desechar las viejas, descubrimiento que te lleva al éxtasis y después al aburrimiento, casi como de matrimonio en crisis.

Ella, ha dado el paso de las canicas al Nintendo, de la máquina de escribir a la computadora y del cine al CD; dio muerte a las hojas tabulares para usar las de cálculo, el celular por el teléfono y las conversaciones en monosílabas; somos la generación del león rampante tecnológico y las comunicaciones, aquella que abrazó a internet para nunca soltarlo; vivió la cara amable del Japón, el resurgir de Alemania, vio pero no sintió la caída de la unión soviética y el milagro de la democracia española, transitó como espectadora de la guerra fría, los rehenes en Irán, la guerra en Afganistán, los contras, el atentado a Ronald Regan y al Pápa, el temblor del 85, la muerte de Colosio, el tratado de libre comercio y los zapatistas, sufrió en carne propia las devaluaciones del peso y de las instituciones; todo tan rápido como los unos y ceros de su era digital y tan vacio como los manuales que todo lo acompañan.

Es tanto lo recibido por mi generación que ahora se encuentra abrumada, nunca había tenido la necesidad de dar forma a algo, de comprometerse, mucho menos de exigir; somos la generación que desconoce los pactos políticos de 1978, años de esfuerzo que hoy se tiran impunemente a la basura sin que se diga nada. Pero la entiendo, a mi generación la forzaron a ser los protagonistas del Mago de Oz, es decir, un león sin corazón, un hombre espantapájaros sin cerebro y un hombre de hojalata sin sensibilidad, constantemente amenazados por la bruja mala del este y esperanzados en el maravilloso y grandioso Mago de OZ.

¡Toto!, !quiero regresar a casa, quiero regresar a casa, quiero regresar a casa!

Salomón Padilla

Transporte público.

En 1987 los Potros de Tijuana pasaron a Play Offs, en ese tiempo los que éramos adolescentes preferíamos el béisbol, recuerdo un día que llegué a mi casa saliendo de clases para preguntarle a mi Papá si asistiría al partido, como él no pensaba asistir le pedí dinero para el boleto, el camión y las sodas; después de comer me quité el uniforme de “cacahuate” de la Poly, me metí en unos pants, me puse mi gorra de los Potros, subí al Díaz Ordaz, tomé un camión verde y crema de la ruta “Presidentes” y en menos de media hora estaba haciendo cola en la taquilla, con mis amigos de la “secu”, no nos acompañó ningún adulto; teníamos días planeando asistir al partido.

Mis Padres tenían los temores normales de “soltar” a un adolescente, los adolescentes sólo les teníamos miedo a nuestros Padres; Tijuana era una aventura por vivir y teníamos permiso.


No recuerdo el resultado del partido, pero por allá de la séptima entrada me dijo uno de mis amigos – León, allá está tu Jefe – yo le contesté – no, el no va a venir – pero luego señaló la gradería central, y para mi sorpresa mi Papá no sólo estaba en el estadio, también estaba dirigiendo la porra desde las bancas anaranjadas, así que nos escurrimos por las rejas que dividían las gradas y llegamos con él. Después del partido me regresé con mi Papá y los vecinos que lo convencieron de ir al juego (los Villegas), mis amigos regresaron en camión o Taxi.

El transporte público en Tijuana desde entonces ya era malo, pero la ciudad era de tamaño mediano y no era inseguro andar sólo por las calles, los niños y los adolescentes teníamos la libertad de desplazarnos con poco dinero y más seguridad.

Hoy la ciudad está rebasada, las vialidades no contienen el parque vehicular, el transporte es malo, pero caro. Si investigan con lo adolescentes del este de la ciudad, muchos no conocen más allá de la cinco y diez, el equipamiento urbano es insuficiente y las actividades culturales simplemente son inaccesibles.

Los niños y jóvenes viven confinados en los barrios o colonias, y seguramente pasarán años antes de que se compren un carro para seguir saturando las calles de la ciudad.

Mientras tanto seguiremos erogando recursos públicos para que su majestad el “automóvil” tenga más terreno que invadir y aire que contaminar; y los tijuanenses seguiremos aumentando de peso y disminuyendo nuestra actividad física porque la ciudad no se puede caminar por falta de banquetas, sobra de riesgos, y un sistema de transporte que responde a los intereses de los líderes transportistas, no a las necesidades de los habitantes, ni a las exigencias de la producción.

Dejo algunas conjeturas a manera de hipótesis:

Desde el punto de vista presupuestal, en lugar de construir más infraestructura vial, ¿no sería más conveniente invertir en un sistema moderno de transporte público? Incluso subsidiarlo.

Si queremos hacer más fluido el tránsito vehicular ¿no sería mejor que viajáramos más en vehículos colectivos? En lugar de construir más vialidades. Podemos ampliar la longitud de la vía pública, pero no podemos hacer más ancha la vía “rápida”, podemos ampliar a tres carriles el libramiento “Rosas Magallón”, pero no podemos hacer más anchas las interconexiones con el “Fundadores”, el Bulevar “Cuauhtémoc”, la “Internacional” la “Alba Roja”, o el “Lázaro Cárdenas”, aunque ciertamente podremos llegar más rápido a los embotellamientos.

Si tenemos la obsesión de tener vialidades más anchas, por que no pensamos ¿Cuánto nos costaría expropiar los predios para ensancharle la ciudad al automóvil? Y ¿Cuánto nos costaría modernizar el transporte? ¿No sería esto último más barato incluso subsidiándolo? Pero en fin, tal vez un día tengamos amplias vialidades como en “Los Ángeles”

Si mejoramos el transporte y las banquetas ¿No caminaríamos más y contaminaríamos menos? Y en el futuro ¿No gastaríamos menos en atender la diabetes y la hipertensión? Acaso esto ¿No reduciría el gasto público en salud?

Estas son tan sólo algunas preguntas, mientras las respondemos ¡Que viva el carro!

da click aquí y comprueba que se viaja más rápido en !elefante! que en carro.

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