BIENVENIDOS AL BLOG DE LA PITAHAYA

La pitahaya era el alimento más codiciado por las etnias de la Baja California, su ambiente es desértico y cálido, su flor es frágil ante la lluvia: si llueve en exceso la flor se desprende. Es digamos, un fruto estoico y frugal, o sea que tiene carácter pero no como la cerveza tecate. En la casa de mis Padres crecía trepando sobre la barda, y se desparramaba una parte para con la vecina y otra con nosotros, no me acuerdo donde estaba plantada, pero sí me acuerdo podía pizcarlas en temporada.

jueves, 13 de noviembre de 2008

RECUERDOS

“Es curioso, pero vivir consiste en construir futuros recuerdos; ahora mismo, aquí frente al mar, sé que estoy preparando recuerdos minuciosos, que alguna vez me traerán la melancolía y la desesperanza.” ERNESTO SÁBATO.



Hacía mucho que no dormía arrullado por el ruido de las olas, hasta que regresé a la Bufadora después de no se cuantos años, y todo porque Salomón se atrevió a acercarse peligrosamente a los 40 de edad y además a festejarlo.


En ese lugar están guardados recuerdos en los que se oye música de viva voz, y donde se escuchan pláticas de esos viejos que no se como consiguieron hacerse de tanta sabiduría, habiendo vivido como vivieron, aunque creo que esa es la explicación: porque que vivieron como vivieron.


Llegué con Wendy y Karelly, y hubiera hablado de esos recuerdos toda la noche, si no me hubieran hecho sentir que querían recolectar sus propios recuerdos del momento. Ajetreado como suelo andar, a veces no reparo en que a la gente le siguen gustando esos pequeños detalles, que mi ya no me importan, porque pensé que a las personas ya no les importaban. Total, el bufido siempre ha estado allí, o que el mar rompa de manera espectacular contra las rocas, no es nada nuevo, pero viendo la cara y las expresiones de quienes me rodeaban, algo me recordó que lo que estaba contemplando era todo un milagro, empezando por el milagro de estar fuera de la casa, fuera de la ciudad, y haciendo algo distinto a ver televisión, navegar de una página a otra, o comparando los ingresos del mes contra los recibos y las facturas.


El sábado pasado le hicimos su despedida de soltero a mi primo Chava, en mi familia esas despedidas de soltero empiezan como una bienvenida de casado, hasta que las botellas están medio vacías, las cervezas por debajo del nivel del hielo y las palabra por debajo del nivel de la razón.


Luego el Toño nos pide una ronda de palabras, ¡Háganme el favor!, pedir que hablemos a esas alturas del partido, y además para darle consejos al futuro marido, en ese momento la bienvenida de casado degeneró en convención perredista, sobre todo porque le dieron el uso de la voz a mi Papá, que no deja hablar a nadie en paz, pero cuando le toca su turno, quiere que nadie lo interrumpa.


Lo que quería decir que es que escuché y dije cosas que además de ciertas y bellas, se las debo a esos viejos, al tío Javier a Don Arturo, al tío Santiago, a mi Apá, y principalmente a sus mujeres ¡A como reviví momentos que me hicieron vivir lleno de felicidad! O lo que es mejor, de ingenuidad.


Hoy que lo que escribo es un recuerdo de estar recordando viejos recuerdos, me quedé pensando en la frase de Sábato y en que no se muy bien que recuerdos estoy construyendo para Wendy y para Karelly. Bueno si se, pero hasta pena me da ¡Si yo era tan divertido!

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