Cuando en 2004 el PRI ganó las elecciones municipales de Tijuana, iniciaba un periodo de alternancia que ponía fin a la etapa de quince años de triunfos al hilo de Acción Nacional. Pero en ese momento era difícil predecir lo que seguiría, a medio sexenio lo mismo podía significar el retorno del PRI por un período más largo y la antesala del Gobierno del Estado, que una mala noche para el PAN.
Los resultados del 2007 a favor de Jorge Ramos nos hicieron pensar que los de 2004 fueron sólo un bache dentro de lo que sería una época de largo dominio de Acción Nacional, y nos indujeron a creer que el PRI estaba hundido por la aplastante derrota que recibió.
No obstante los resultados de Tijuana en 2007 daban algunas pistas de lo que seguiría, porque la diferencia entre PRI y PAN fue de poco más de cinco mil votos en la elección municipal, un resultado muy apretado que indicaba una modificación muy relevante en la actitud de los electores, bastaban dos datos para sospecharlo: el candidato del PRI que llegó a las boletas electorales, inició su campaña tres semanas antes de la jornada electoral y perdió solamente por 5 mil votos, diferencia muy escasa cuando la votación válida fue de 427 mil; y el otro dato estaba en los resultados de la elección para Gobernador: los electores de Tijuana le dieron al PAN una ventaja mayor a treinta mil votos (si la memoria no me falla) solo en el municipio de Tijuana.
En ese momento debimos pensar que en el futuro no habría elección fácil, ni enemigo pequeño, pero el triunfo es un potente alcaloide que impide hacer contacto con la realidad y la oportunidad de hacer una reflexión para cambiar de estrategia se perdió; después del triunfo en las elecciones federales del 2009 no hubo duda de que estábamos de regreso ¡el 2004 había sido sólo una mala noche!
Pero ¿Que nos dijo la elección de 2007, que no quisimos escuchar? Según mi punto de vista los electores de Tijuana alcanzaron un grado de madurez excepcional. Quedaron profundamente decepcionados del desempeño de Jorge Hank y reaccionaron a la campaña frontal y agresiva de Osuna Millán ¡Las promesas se cumplen! Así nos recordaba Osuna las habladurías sin sustento de Hank. El 2007 los electores tijuanenses dieron muestras inconfundibles de su capacidad para diferenciar y discriminar, distinguieron entre Jorge Hank y el PRI, y distinguieron entre Jorge Hank y Fernando del Monte porque en solo tres semanas de campaña llevaron a este último a un empate técnico en la elección municipal. Los resultados del 5 de agosto de 2007 nos estaban gritando que nos preparáramos la alternancia, pero ¡A quien le importaban esos gritos estando bajo el influjo de la victoria!
De 2004 a 2010 Tijuana estará presenciando su tercera alternancia: 2004 del PAN al PRI, 2007 del PRI al PAN y 2010 del PAN al PRI. La madurez de los electores tijuanenses y su capacidad para distinguir y evaluar nos darán la posibilidad de volver a gobernar la ciudad, pero la derrota estará al contragolpe, atenta a nuestras equivocaciones.
Podemos buscar las causas de la derrota de este 2010 y encontrar responsables directos, pero que caso tiene detenernos en las causas inmediatas si dejamos a un lado las de largo plazo.
Entre las primeras yo destacaría nuestra complacencia, seguimos pensando que ganaríamos y seguiríamos ganando, y que para ganar bastaría salir electo en un proceso interno, el resto sería resultado de la buena marcha de los gobiernos y del prestigio del PAN. Bajo ese entendido continuamos haciendo las cosas igual que antes.
Permitimos que se debilitara la participación de los miembros activos en los subcomités distritales, por más que los coordinadores se esforzaran en hacer más trabajo.
Mantuvimos cerrado el padrón cuando ya hemos visto que muchos miembros activos han llegado del gobierno al partido, y aún cuando muchos de ellos llegan por una auténtica convicción, la mayoría participa más por conservar el empleo que motivados por una convicción que contagie a los ciudadanos, se nota que están forzados y hasta con cierta pena de "tener que" hacer campaña, esa pena que los panistas más convencidos y orgullosos de nuestro pasado y nuestro presente no conocemos. Pero que podemos reclamarle a la membresía si en los últimos años le hemos enseñado que la recompensa está en el voto interno o que estando en el gobierno le hemos pedido que se afilie para que conserve su empleo.
En fin, que hemos empequeñecido el padrón, cuando siguen existiendo ciudadanos con un deseo honesto de cumplir con sus obligaciones políticas y seguimos con nuestras prácticas de elegir candidatos producto de los acuerdos entre grupos, de la "onda grupera" que critica Ruffo, práctica que puede ser muy conveniente para facilitar el proceso de obtener una candidatura pero que favorece sólo a quienes se dedican a "mantener" su "influencia" sobre el padrón interno, al grado de que hay distritos donde los militantes ya tienen una idea de quienes serán los candidatos en el siguiente o siguientes procesos, y los demás militantes aunque tengan más talento o mejor hechura de candidato prefieren no exponerse a un candidato que "tenga los amarres", como se decía en el PRI y ahora con cinismo se escucha en el PAN.
Pero en un escenario competido, en pleno periodo de alternancia, todo cuenta y los electores de Tijuana ya lo habían manifestado. Los candidatos, el partido, el gobierno sujeto a evaluación, la estructura del partido, el talento organizativo, los coordinadores de campaña, todo cuenta, y en la elección que acabamos de perder, los electores nos están diciendo que la forma de elegir al interior de los partidos también está sujeta al escrutinio público.
Perdimos, no nos ganaron, eso es una gran verdad, la campaña de los ganadores fue menos que regular, los candidatos no tenían arrastre, ni mensaje, ni propuesta ¡Pero que nos ganara Rosana Soto! El último y más corriente símbolo del fraude electoral, la de los 20 mil electores falsos, y las 20 mil credenciales sepultadas en 1989 por espurias. Su victoria nos obliga a pensar hasta que punto el prestigio de Acción Nacional se ha desgastado para que nos pueda derrotar una candidata que hizo del fraude electoral burdo y desvergonzado el centro y mérito de su actividad "política".
En 2004 se inauguró el periodo de alternancia, y este escenario puede parecer doloroso si lo vemos pensando en los 15 años que gobernamos sin competencia real, pero es espléndido si lo vemos con los ojos de nuestros fundadores, de los panistas que por tres décadas se tuvieron que batir con la fuerza pública para hacer un mítin, para pegar cartelones con engrudo y se tuvieron que enfrentar a las bayonetas para hacer que se respetara el voto. Es un escenario inmejorable visto desde los ojos de los panistas que perdían el patrimonio, la tranquilidad del hogar, la libertad y hasta la vida, por hacer campaña a favor de un partido distinto al del gobierno y exigir que se respetara el voto.
La alternancia no es es una tragedia para un partido político, tendrá tintes trágicos para quien se ilusionó con mantener por muchos años un trabajo en el gobierno, pero como decía el fundador !Que no haya ilusos para que no haya desilusionados¡ La alternancia tampoco es una tragedia para los candidatos que no ganaron porque pueden volver a competir con posibilidades de ser electos, así es la democracia.
La alternancia es un logro de Acción Nacional, y así tenemos que verlo, la hegemonía no es propia del PAN, es la naturaleza del PRI, el poder absoluto e incompartido de todo lo que pueda ser abarcado para su beneficio. Esperemos que la democracia que les arrancamos, la imparcialidad electoral que conquistamos pese a su resistencia y la legalidad que hemos construido a lo largo de 21 años de ejercer el gobierno, hayan cambiado en el PRI su concepción del poder, y que nosotros aprovechemos esta circunstancia para despojarnos de lo que aprendimos del PRI en estos mismos 21 años.
La alternancia es el espacio de la reflexión para corregir el rumbo, es la oportunidad de soltar el lastre y corregir los vicios, es un alto en el camino para revisar nuestro bastimento ideológico sacar la brújula y ubicar el derrotero.
El privilegio de gobernar, de volver a gobernar Tijuana, exigirá de nosotros abrir el partido que no debió cerrarse nunca. La política es una obligación inherente a la persona, su cumplimiento deben garantizarlo los Partidos Políticos y estos por ninguna razón deben convertir la participación política en privilegio de facción, eso es lo que nos enseñaron en el PAN, que como la parábola de los trabajadores de la viña, la paga es igual para todos aunque lleguen a la última hora.
El privilegio de gobernar Tijuana será posible sólo con procesos internos claramente democráticos, ejemplares como lo fueron siempre, tan incuestionables que ganadores y perdedores queden satisfechos y las condiciones para la unidad no se rompan irremediablemente.
El privilegio de gobernar Tijuana dependerá de la fuerza de trabajo que logremos desplegar en los subcomités, tenemos que refrescar y renovar la militancia y dar lugar a liderazgos nuevos, surgidos dentro o fuera del partido, como antaño reclutábamos a ciudadanos ejemplares que resultaron ser no solo militantes disciplinados y trabajadores sino candidatos excepcionales como Maquío o Ruffo. Así que dejemos que la democracia interna hable y reconozca.
El privilegio de gobernar otra vez Tijuana sólo será posible si tenemos la valentía y coraje para persistir en nuestros ideales aunque el pragmatismo cínico nos tiente con la idea de que podemos volver a gobernar sin despojarnos de los vicios y errores que nos costaron las cinco alcaldías y que podrían costarnos el Estado.
