Me asombra ver que el uso más común de estos programas, tiene que ver con el acceso a contenidos publicitados por los medios de comunicación esto – creo – obedece al acceso limitado a los bienes culturales, pero a mí un motor de búsqueda me ha abierto un mundo de posibilidades; por ejemplo, leí el libro que escribe Javier Menéndez sobre Joaquín Sabina (me lo regaló mi amigo José Alfredo Jiménez), y ahí Sabina habla de su admiración por Javier Krahe, entonces puse “Krahe” en el buscador de ares y encontré canciones que son una joya. Luego lo puse en el youtube, y encontré entrevistas y videos para coleccionar, me gustó particularmente “cuervo ingenuo” ¡que forma de tortearle la cara a Felipe González! en infinitivos, como suele personificarse el modo de hablar de los apaches, aclaro que no tengo ninguna animadversión a Felipe González, pero el ingenio de Krahe no puede hacerse a un lado. También encontré canciones de un humor muy latino como Don Andrés Octogenario.
Para mi esparcimiento, nada como teclear “cantinflas” en el youtube, y ver aparecer secuencias de sus películas que pueden acabar en cinco minutos con el mal humor, como aquel discurso que
dice “. . .patriotas de la patria, sabéis lo que esta palabra significa, porque si no lo sabéis no seré yo quien os lo explique, porque para eso están los que si lo saben”. Y con un buen rato para navegar sin preocupaciones, puedo explorar en ares la música de Bob Dylan, luego observar algunos segmentos de sus conciertos en el youtube, y en la wikipedia enterarme de sus orígenes
en la música, sus influencias y aportaciones; después de eso puedo pasar por su gran admirador, cosa que no sería falsa, salvo que afirmase que lo he sido desde toda la vida. Y que tal encontrar un discurso en vivo del Che Guevara, o a Chabuca Granda cantando “la flor de la canela” – hasta he pensado componer “la flor de la pitahaya” –. De lo que más he disfrutado en el youtube diría que a Silvio Rodríguez con su “Óleo de mujer con Sombrero”, como cuadro de viejo Chagall. Antes escuchaba con cierta envidia a mis amigos mayores hablar de sus tiempos y su música, como si se tratara de un tiempo al que nunca podría aproximarme, pero ahora tenemos la posibilidad de recorrer tiempos, géneros y hasta momentos propios de una generación, la de nuestros abuelos o la de nuestros hermanos o primos mayores.
De los derechos de autor ni hablar, creo que los artistas pronto podrán hacer a un lado a las editoriales o disqueras.


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