BIENVENIDOS AL BLOG DE LA PITAHAYA

La pitahaya era el alimento más codiciado por las etnias de la Baja California, su ambiente es desértico y cálido, su flor es frágil ante la lluvia: si llueve en exceso la flor se desprende. Es digamos, un fruto estoico y frugal, o sea que tiene carácter pero no como la cerveza tecate. En la casa de mis Padres crecía trepando sobre la barda, y se desparramaba una parte para con la vecina y otra con nosotros, no me acuerdo donde estaba plantada, pero sí me acuerdo podía pizcarlas en temporada.

sábado, 31 de diciembre de 2011

¿PARTIDO EN EL PODER?


En pleno proceso interno para elegir candidato, espero más bien que sea precandidata a la Presidencia de la República, no puede aguantarme las ganas de escribir estas líneas. Me decía un amigo muy apreciado que el error del PAN en este momento es comportarse como partido en el poder, lo primero que me cuestionaba es ¿Cuál poder? Si no tienen mayoría en la cámara de diputados, ni en la de senadores, el PRI gobierna el doble de estados, han perdido municipios que fueron bastiones de los noventas (Juárez, Guadalajara, Tijuana, Ensenada, Mexicali y otros tantos), ya no tienen al PANAL y por tanto tampoco al SNTE, nunca tuvieron a Televisa, en Baja California son minoría en el congreso y no gobiernan ninguno de los cinco municipios, y se creen partido en el Poder, sólo porque tienen un Presidente y un Gobernador con un mandato recortado, además van abajo en todas las encuestas cualquiera que sea el Precandidato.

Su reclamo básicamente consistía en que eso del método de “designación” de candidatos, cómo se llama ahora a la imposición fuera de estatutos (como ya lo estableció el IFE) o las candidaturas “pactadas” debajo de la mesa, mesa que regularmente preside algún emisario de algún o algunos órdenes de gobierno, digo que reclamaba eso de la “designación” o su variante que consiste en “limpiarle” el camino a algún favorito de algún funcionario era una muestra de torpeza, propia de quienes “se sienten” en el poder, y que por tanto sus acciones pueden ser irracionales, necias o caprichosas, lo cual no importa puesto que sienten que tienen el poder de materializarlas, y entonces reducen todo a un juego de conveniencias y repartición de privilegios. Finalmente su recomendación es que el PAN, para ganar, necesita parecerse más al PAN sin poder, aquel que desbordaba pasión por la democracia, y que buscaba candidatos con “hechura” y que se cuide de proyectar esa imagen de partido de “acuerdos” y “amarres” entre los que “pueden” porque piensan que “pueden”, y su reclamo remataba responsabilizándonos del indeseable regreso del PRI a los Pinos. En su opinión lo que mejor nos puede representar, son candidatos muy muy panistas, o bien candidatos ciudadanos, como los que en el pasado nos dieron victorias insospechadas.

En lo personal, confieso que hace tiempo me repugnan ciertas formas, o más bien cierta estética política de algunos políticos que se refieren entre sí como “líder” “hermano” o la más corriente de “batote”; y luego hablan con un pedante aire de sofisticación de la capacidad de llegar a “acuerdos” o “negociaciones” , y que ante su notoria falta de talento político, o por lo menos de un discurso movilizador, han entronizado prácticas ajenas a Acción Nacional y con sus ridículos y petulantes aires de hombres de poder, no pueden ocultar el hecho de que para lo único que han servido, junto con sus formas, apelativos y sofisticaciones, es para reinventar al PRI, dentro del PAN.

La explicación que me resulta más sencilla, es que honrar una ideología o una doctrina requiere de verdadero talento y valor, así como una gran capacidad de innovación, pero si se trata de preservar los privilegios del poder, pues basta precisamente con imitar al PRI, al viejo y al nuevo PRI, y cuando falta el talento, la imitación aparece, hasta en las formas.

En cuanto a la forma de hacer campaña, estos politicazos seguramente nos van a dar cátedra de priísmo, con las modernas versiones de los acarreos de funcionarios, antes los del sindicato y ahora los de confianza y supernumerarios, o la “imaginativa” y “creativa” “solicitud” de firma de apoyo, en algún cartoncillo que se ha reproducido por cuatro o cinco elecciones, o alguna variante irrelevante, tarea que se encomendará a algún aspirante a “líder” o a alguno de los tantos que dicen tener cinco, diez o quince votos detrás de ellos. Aquí es donde pretendo dejar una reflexión, deberas siguen creyendo que los panistas, activos y adherentes, van a definir su voto para elegir candidato a la Presidencia por intermediación de los desgastados y desprestigiados “líderes”, no piensan por un momento que cada miembro activo y adherente se ha formado un juicio propio e independiente de los precandidatos y precandidata, y que la definición de su voto estará ajena a las repugnantes “operadas” de voto.

En mi pasada experiencia como candidato a Presidir el Comité Municipal entendí tres cosas, nadie vale los votos que presume “tener”, generalmente se trata de una fanfarronada para negociar algo no muy decente; si buscas de forma directa a un militante puedes obtener su voto, sin importar que alguien más presuma ser el amo y señor de su sufragio; y finalmente que los panistas están hartos de la simulación, los “amarres” las “negociaciones” similares y conexos; sin embargo creo que ese encumbramiento de las formas priístas llevará a más de un equipo de campaña a la “ingeniosa” estrategia de repartir y reconocer feudos o parcelas electorales, como si los panistas tuvieran quien les dicte por quien votar, y se privarán de la mejor experiencia de proselitismo, la de abordar al panista desconocido, con el que nunca habíamos cruzado palabra, y después de cinco minutos, confirmar que aún tenemos intacta la convicción y queremos cambiar de forma sencilla, regresando a lo que fuimos, un partido de principios, un partido de ideas, un partido de valores y no un partido de “poder”, un partido de ciudadanos comprometidos y no una colección de petulantes y ridículas formas que con diversos eufemismos enmascaran su única “visión” política, la de conservar los privilegios. Cómo me recordó una entrañable amigo y asesor, “los pueblos que cambian sus principios por privilegios, terminan por perder unos y otros”.

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